ESTANCIA TURISTICA LA HOLANDA

Antonio Ortiz Echagüe: Un artista colorido

ANTONIO ORTIZ ECHAGÜE fue un hombre que ha estudiado y ha sabido asimilar las enseñanzas de los grandes maestros de la pintura de su época, pero sin limitarse a estériles mimetismos, sino aplicando sus observaciones a la creación de un estilo personal que resulta enormemente moderno por su vinculación con las corrientes artísticas de su tiempo, y por su dinamismo gestual y su alegre colorido.

Si se quiere buscar los referentes históricos más actuantes en su pintura, veremos que ha heredado el carácter realista de la escuela española, la atmósfera alegre y vitalista de los venecianos, el sentido intimista de la holandesa, y la elegante distinción de la escuela de retratos Inglesa. El mismo hablaba a menudo de su admiración por los tipos y retratos de Velázquez, por el colorido del Greco y de Tiziano, o por el estilo de Franz Hals...

De entre los maestros de su centuria, los que más interés despertaron en ORTIZ ECHAGÜE fueron el francés Manet, y los españoles Sorolla y Zuloaga. Del primero le impresionó su "Olimpia" y sentía gran estimación por la libertad de su factura y su excepcional sabiduría cromática. Sorolla, fue el líder venerado por los jóvenes artistas españoles de fin de siglo, por haber resucitado el realismo rompiendo con la pintura de historia, y por su forma de interpretar los efectos de la luz y el color al aire libre. De Zuloaga le atraía la fuerza de su pintura y los recios personajes que representaba.

Con respecto a las tendencias artísticas dominantes en su época, ya hemos visto su vinculación temática con los pintores españoles de tipos populares. Pero si en el aspecto iconográfico la mayor parte de su obra responde a un realismo propio del interés de su generación por los aspectos más genuinos del costumbrismo, el carácter foráneo e internacional de sus temas y la magnífica individualización de sus rostros, lo distinguen claramente de sus compatriotas contemporáneos.

Por otro lado, de sus cuadros se revela una obra encuadrable en líneas generales dentro del post-impresionismo, pero que se va vinculando cada vez más con el sentido decorativo del modernismo y con la audacia cromática y gestual de los fauves y los primeros expresionistas.

Pero al margen de todas estas influencias o seducciones, nos encontramos con un pintor que tiene el don de la independencia, porque ha aprendido mucho y lo ha digerido bien, forjándose un criterio propio y un lenguaje artístico peculiar que participa a la vez de la tradición y de la modernidad.

A partir de esta dualidad surge la inconfundible idiosincracia de la pintura de ORTIZ ECHAGÜE, tan impregnada de un espíritu personal que permite reconocer su estilo sin dificultades. En medio de la gran diversidad de su obra, que no es sino el testimonio de su fecundidad creadora, de su vitalidad, y de su dominio técnico, se observa sin embargo, una unidad psicológica, un mismo fluido artístico que discurre siguiendo unas leyes internas que vamos a intentar formular en las siguientes líneas.

Una razón primordial del atractivo de sus cuadros reside en la temática elegida, en su tendencia a trasmitir una imágen felíz y placentera de la existencia: interesantes tipos populares, agradables escenas domésticas, bellas mujeres, vistosos trajes, hermosos paisajes... Nunca encontramos asuntos dramáticos o situaciones conflictivas, sino temas de noble prestancia y amable entonación que coinciden con su carácter franco y jovial con su visión optimista de la vida.


Su pintura es figurativa y naturalista porque imita con destreza las formas de la realidad, pero sus tipos no son nunca convencionales porque están dotados de una profunda vida interior que se desborda en los semblantes, y especialmente a través de la expresión de sus ojos. Atuendos o decorados sirven para realzar la figura o crear un ambiente, pero el protagonismo sigue estando siempre en los personajes, de ahí el profundo humanismo de sus cuadros.

Los grandes formatos que suele emplear es con la intención de impedir que la obra pase desapercibida. Sus dimensiones actúan como reclamo y a ello se añade la insoslayable presencia de las figuras de tamaño real que ocupan un gran espacio del lienzo, y cuya corporeidad queda realzada por la proximidad física al espectador y por la fuerza del modelado, al que contribuyen tanto el dibujo como la pincelada.

Hay siempre en estos cuadros un sentido clásico de la composición, que tiende a ser centrada o simétrica, creando así una sensación de equilibrio que queda potenciada por las serenas actitudes de los modelos y el número, normalmente reducido de ellos.

Como contrapunto a esa ausencia de movimiento, su pincelada suelta, abocetada y densa, se muestra tremendamente activa y llena de dinamismo, dejando sobre la materia las huellas de sus ágiles desplazamientos. Ello supone la adopción de características de los artistas de comienzos del siglo, que nos permite hablar de lo actual de su lenguaje, y de su perfecta correspondencia con la época que le tocó vivir.

La concepción del espacio delata también su sentido del equilibrio, pues combina recursos tradicionales como la perspectiva geométrica o la representación espacial a través de las sombras que proyectan los cuerpos, con puntos de vista simultaneados y fondos planimétricos, reveladores de cierta aproximación a los nuevos planteamientos teóricos que denunciaban la ficción que supone olvidar la bidimencionalidad del lienzo.

Por lo que respecta a la luz, existe en su pintura una predisposición clara hacia este elemento. De hecho se muestra como un gran luminista en las escenas de interior con luz artificial, y en los paisajes de "plein air" ejecutados a modo de la escuela impresionista; mientras en la mayoria de los cuadros restantes la fuerte claridad que los inunda se evidencia fundamentalmente a través de la brillantez de color.

El color..., no hay duda de que este es un aspecto capital de su lenguaje artístico. Lo que más atrae y fascina a quien contempla una pintura de ORTIZ ECHAGÜE es la fuerza de sus pigmentos. Independientemente de que el artista utilice una paleta más amplia (en su madurez) o más reducida (en su juventud), siempre sabe potenciar al máximo este elemento, matizando los tonos, realzando un color junto a otro, o basando su combinación en el principio de contraste.

Sus lienzos están impregnados de una tremenda sensualidad cromática que pretende comunicar el puro deleite del color ordenado por una idea. La sabrosa calidad de su pintura aparece tanto en sus blancos y negros de infinitas tonalidades, como en los colores primarios o secundarios más habituales de su paleta. Buscando cada vez una nota más aguda, que le lleve a los registros más altos de la escala, el artista consigue una sonoridad cromática que se ´´escucha`` como un exultante himno de alegría.

Este planteamiento que podríamos considerar como una concepción simbolista y subjetivizadora del color, será común a post-impresionistas como Van Gogh o Gaugin, al grupo de los fauves, e incluso a varios miembros de "Die Brücke". De que siendo fiel a su propia evolución artística Antonio sintonice con una sensibilidad muy extendida entre los creadores europeos de principios de este siglo.

ANTONIO ORTIZ ECHAGÜE posee un gran instinto decorativo que se manifiesta con todo su esplendor en los cuadros de los años 20: en sus desnudos que flotan entre el intimismo y la exuberancia ornamental, o en los retratos cuyos fondos son verdaderas escenografías. Hay una fantasía desbordante que se ampara y justifica en la estética modernista, que está presente en sus obras y épocas más mundanas.

Como pintor de retratos, fué uno de los capítulos más destacados de su producción, el artista gozó de una reconocida fama internacional y de hecho los suyos se encuentran entre los mejores ejemplos del género en la primera mitad del siglo.

Su vena realista, matizada por un natural sentido de la elegancia será siempre la garantía de un retrato veráz, lleno de vida y de penetración psicológica.

Al contemplar las creaciones de ORTIZ ECHAGÜE se aprecia de inmediato su absoluto dominio técnico, resultado de la combinación de grandes dosis de talento y de muchas horas de trabajo. Como pintor es de los que mejor domina los elementos de su oficio, el lápiz y el pincel no tienen secretos para él, esa soltura de mano, la aparente facilidad de ejecución son algunos de los motivos de la frescura y del enorme atractivo de sus obras.

ORTIZ ECHAGÜE fue en definitiva un artista consecuente con la época en que le tocó vivir. Nada partidario de los extremismos, quiso sintonizar el presente con el pasado, la sabiduría de la experiencia, con el atrevimiento de la novedad, y por eso su arte tiene la virtud de ser a la vez tradicional e innovador. De ahí que los óleos de ORTIZ ECHAGÜE no hayan envejecido y sigan gozando de la general aceptación, porque son obras hechas por una mano maestra que continúa teniendo la lozana fragancia de las cosas recién salidas del taller, hechas además sin timidéz, con valentía, y con la generosidad de un hombre entregado por completo a su arte.

Fuente: "ANTONIO ORTIZ ECHAGÜE. EL HOMBRE Y SU OBRA", por MONSERRAT FORNELLS.

 

Más sobre Antonio Ortíz Echagüe:

• Su obra
- Pinturas etapa Española
- Pinturas etapa Holandesa
- Pinturas etapa Marroquí
  
Biografía
  
Sus días en La Pampa
  
  

 

Página de ingreso al sitio Información General Atractivos, Infraestructura... Museo Atelier Ortiz Echagüe Ubicación

[ Inicio ] - [ Info. General de la Estancia ] - [ Atractivos, Infraestructura y Servicios ]
[ Alojamiento ] - [ Museo Atelier Antonio Ortiz Echagüe ] - [ Imágenes ]
[ Cómo llegar, Ubicación ] - [ Tarifas ] - [ Reservas ] - [ Consultas ]

Copyright © 2004-2015, Estancia La Holanda - La Pampa - Patagonia Argentina
Miembro de la Red de Estancias Turísticas de La Pampa

RESERVAS: Tel. 02954 15534167 ó 02954 473237
E-mail: info@estancialaholanda.com.ar - Diseño Web site: DigiSapiens®